ENCUENTROS DE LECTURAS
Reseñar libros malos no es sólo una pérdida de tiempo, sino también un peligro para el carácter(Auden)
1 de julio de 2010
30 de junio de 2010
Equipaje de vacaciones 2. Memoria y viajes
Obra completa.
Edición de Nigel Dennis
e Isabel Verdejo.
Prólogo de Tomás Segovia.
Pre-Textos. Valencia, 2010.

Novela familiar.
El universo privado del escritor.
Páginas de Espuma. Madrid, 2010.

Javier Marías.
Salvajes y sentimentales.
Alfaguara. Madrid, 2010.
La edición ampliada de Salvajes y sentimentales incorpora treinta artículos nuevos respecto de la anterior, del año 2000. Con selección y prólogo de Paul Ingendaay, corresponsal de cultura del Frankfurter Allgemeine Zeitung, se reúnen en este volumen los artículos de Javier Marías sobre el fútbol, una recuperación semanal de la infancia, como explica el artículo inicial, una escenificación de la épica o una metáfora de la sociedad que se analiza en el artículo final, Los matones protegidos, de este mismo año. En sus páginas, rápidas y vistosas como un regate, brilla el articulista incisivo como un delantero centro, demoledor como un central de los de antes, inteligente como un centrocampista cerebral. Y el latido de un corazón tan blanco, que ve como síntoma alarmante que ya no odien a su equipo, escribe sobre el estrabismo de los semidioses o evoca ese álbum de los cabezudos que se reproduce en la portada del libro.
Traducción de Alejandra Devoto.
Punto de Lectura. Madrid, 2010.

A. Conan Doyle y Mark Twain.
La tragedia del Congo.
Ediciones del Viento. La Coruña, 2010.
Un viaje al corazón de las tinieblas, al horror de aquel Congo Belga en el que Leopoldo II instauró un régimen de terror que exterminó a diez millones de personas. Antes y después de que Conrad publicara su memorable novela en 1902, estas cuatro voces denunciaron con energía los crímenes de aquel sistema colonial. Ediciones del Viento pone por vez primera en castellano cuatro denuncias del exterminio. Una carta abierta que G. W. Williams dirigió en 1890 al rey Leopoldo, el Informe general de Roger Casement, acompañado de espeluznantes testimonios gráficos, un texto de Conan Doyle que define el crimen del Congo como el más grande de la historia de la humanidad y El Soliloquio del Rey Leopoldo, una demoledora caricatura escrita por Mark Twain. Cuatro testimonios que reflejan la enorme crueldad de un episodio vergonzoso de la historia contemporánea cuyas consecuencias son visibles aún hoy en aquel continente.

Pasajera a Teherán.
Traducción de Carlos Mayor.
Minúscula. Barcelona, 2010.
La figura de Vita Sackville-West inspiró el personaje de Orlando, de Virginia Woolf. Más que amiga, fue la primera que leyó el manuscrito de este Pasajera a Teherán, que Minúscula publica en su colección Paisajes narrados. Vita relata en sus nueve capítulos su viaje a Teherán, donde su marido tenía una cargo diplomático en la legación británica. No había querido instalarse allí con él, pero lo visitó dos veces. Y este libro contiene la narración de esos dos viajes. Pasajera a Teherán, que da título al volumen, se centra en un viaje de 1926, y Doce días es el relato del viaje que hizo por Persia. Por el Nilo hasta el Valle de los Reyes y Luxor, de la India al Golfo Pérsico hasta Bagdad, y de ahí a Teherán. Lo mejor de todo, el sexto capítulo, hacia Isfahán, donde el descubrimiento de otra luz, de otra dimensión del espacio y del tiempo, de otra forma de entender la vida, permiten que brille la capacidad descriptiva de Vita Sackville-West.

Prólogo y selección de Iria Rebolo.
Ático de los Libros. Barcelona, 2010.
Una guía de Roma de la mano de dieciséis escritores de todas las épocas que viajaron a la ciudad para fundir en sus textos la vida, el arte y la literatura. Desde la descripción que hace Estrabón de la grandeza de Roma en la época de Augusto hasta las impresiones de Rilke en 1903. En medio, las reflexiones de Montaigne ante las ruinas de la ciudad abierta, Goethe y la espectacularidad de lo grandioso, un paseo de Chateaubriand bajo la luna, el síndrome de Stendhal, un Shelley conmovido por la belleza y el misterio, el desierto desolado de la decadencia que ve Dickens o la admiración de Henry James en sus horas italianas. La edición de Iria Rebolo se enriquece con los excelentes grabados de tres artistas italianos del XVIII (Vasi, Piranesi y Rossini) que entre la melancolía y el claroscuro ofrecen una visión complementaria de la que transmiten con sus palabras aquellos escritores viajeros. Un bellísimo cuaderno de viajes escrito por unos guías irrepetibles.

Egipto.Viaje a Oriente.
Traducción e introducción
de Lola Bermúdez Medina.
Cabaret Voltaire. Barcelona, 2010.
Con 71 espléndidas fotografías de Maxime Du Camp y un esclarecedor prólogo de la traductora, Cabaret Voltaire publica Egipto, la primera parte del diario que Gustave Flaubert escribió en su viaje a Oriente. Ver y escribir titula significativamente su introducción Lola Bermúdez Medina. Porque a través de la palabra del novelista y de la mirada del amigo fotógrafo que le acompañaba en ese viaje, el lector entra en Alejandría y El Cairo, recorre el Nilo hasta la segunda catarata y visita los ruinosos templos, en una travesía que durará cuatro meses y medio y que terminó el 2 de julio de 1860, hace ahora un siglo y medio justo.
29 de junio de 2010
Equipaje de vacaciones 1. Narrativa y poesía
Poesías reunidas.
Traducción de Antonio Rivero Taravillo.
Pre-Textos. Valencia, 2010.

Versos originales.
(Antología poética).
Estudio introductorio y selección
de Rosa Romojaro.
Renacimiento. Sevilla, 2010.

Hotel para erizos.
Calambur Poesía. Madrid, 2010.

La protesta.
Traducción de Pablo Sauras
Narrativas del Olivo Azul. Córdoba, 2010.
Relatos de Kolimá.
III. El artista de la pala.
Traducción de Ricardo San Vicente.
Minúscula. Barcelona, 2010.
La pared se balanceó, y una conocida y dulzona sensación de náusea inundó mi garganta. La cerilla quemada en el suelo pasó flotando por milésima vez ante mis ojos. Alargué la mano para agarrar aquella inoportuna cerilla, pero desapareció; dejé de ver. Con esas frases comienza El artista de la pala. Es el tercero de los seis volúmenes que constituyen los Relatos de Kolimá de Varlam Shalámov, que Minúscula está editando en su totalidad. El infierno blanco de Kolimá, en Siberia, el paisaje de la taiga, los sufrimientos en los campos de trabajo, la injusticia, el dolor y la aniquilación a través de una sobrecogedora mirada en primera persona a la experiencia destructiva de los campos de concentración estalinistas.
Magnitud imaginaria.
Traducción de Jadwiga Maurizio.
Introducción de Roberto Valencia.
Impedimenta. Madrid , 2010.
Impedimenta publica el segundo tomo de la trilogía fantástica que Stanislaw Lem tituló Biblioteca del siglo XXI. Tras las reseñas de libros imaginarios de Vacío perfecto, el primer volumen, Lem escribe en Magnitud imaginaria cuatro prólogos a cuatro obras que no existen. Entre la ironía y la reflexión, las portadas y los cuatro textos introductorios de Necrobias, del pornógrafo Cezary Strzbisz; La Erúntica, de Reginald Gulliver, que enseñó a las bacterias la lengua inglesa; una Historia de la literatura bítica, del profesor Rambellais, en cinco volúmenes que recogen la creación literaria de las computadoras, y la Extelopedia Vestrand en 44 Magnetomos, con un espectacular y divertido pliego de muestra gratis. La imaginación rigurosa con la que Lem explora, como recuerda Roberto Valencia en su introducción, “la terrible vastedad de todas las cosas”.

Edición y prólogos de Jacobo Siruela.
Atalanta Ars Brevis. Gerona, 2010.
Azul ruso.
Páginas de Espuma. Madrid, 2010.

La última noche en Twisted River.
Traducción de Carlos Milla Soler.
Círculo de Lectores. Barcelona, 2010

Guillermo Cabrera Infante.
Tres tristes tigres.
Edición de Nivia Montenegro
y Enrico Mario Santí.
Cátedra Letras Hispánicas. Madrid, 2010.
Izquierda y derecha.
Traducción de
Sandra Chaparro Martínez.
Barataria. Sevilla, 2010.
Un escritor -Joseph Roth- y un pintor -Georges Grosz- nos han dejado la mejor crónica del fin de una época: el desplome de la república de Weimar y la Mitteleuropa de entreguerras. Ellos firman desde la pintura y desde la literatura el testimonio de la degradación moral de la sociedad centroeuropea. Ambos abandonaron el expresionismo para integrarse en la nueva objetividad, una actitud con la que se daba respuesta a la disolución de un mundo arrasado por las consecuencias de la Gran Guerra y con el horizonte amenazador del nazismo como salida. Izquierda y derecha, una novela de 1929 que publica Barataria en una nueva traducción, es uno de los mejores cuadros de aquella Alemania convulsa y explosiva. Como en la pintura de Grosz, los personajes de Roth (los hermanos Berheim y el lúcido Nikolai Brandeis) son la reveladora representación social y ética de un mundo en crisis. Publicada un año antes que Job, una de sus obras más celebradas, en Izquierda y derecha está ya el Joseph Roth consciente de lo que le rodeaba y más brillante a la hora de expresarlo, con inteligencia y sin esperanza.
28 de junio de 2010
Memorias de ultratumba
Memorias de ultratumba.
Traducción, introducción y notas
de José Antonio Millán Alba.
Cátedra. Bibliotheca AVREA. Madrid, 2010.
Chateaubriand (1768-1848), padre del Romanticismo francés y apóstol de la antimodernidad, reflejó en ellas no sólo esas transformaciones, sino su propia perplejidad ante el final de un mundo y el inicio de otra época. Se movió entre dos aguas, la del pasado feudal y aristocrático y la modernidad burguesa. Y lo hizo asumiendo las contradicciones entre sus ideales rousseaunianos y su actividad contrarrevolucionaria, llena de resabios feudales y prejuicios de clase.
Intentó superar esa contradicción situándose en la distancia de la otra orilla, la de estas Memorias de ultratumba que publica en su integridad Cátedra Aurea con traducción, introducción y notas de José Antonio Millán Alba. Con ellas, Chateaubriand, sobrepasado antes por el cambio histórico que por el tiempo biológico, escribió la elegía por el fin de una sociedad, una cultura y una política y se convirtió en el profeta de la secta de los antimodernos.
Redactó sus 44 libros a lo largo de treinta años, entre 1811 y 1841, entre la poesía y el terror, como tituló Marc Fumaroli un estudio sobre Chateubriand. Y en ellas la perspectiva histórica se superpone al testimonio autobiográfico, de manera que hay una constante interrelación de su historia personal y de la historia de Francia, de memoria y presente, de lo individual y lo universal. Por eso, las Memorias de ultratumba exceden el límite temporal de la autobiografía y abarcan un siglo de historia y completan una epopeya de la modernidad escrita por un antimoderno, de la que, con menos talento literario, formaron parte escritores como De Maistre y Bonald.
Así se van sucediendo las referencias a la infancia y la adolescencia en Bretaña y el recuerdo de la Revolución de 1789, la experiencia del soldado contrarrevolucionario, el exiliado en Londres y el viajero por Oriente, el escritor y el político, la vida de Napoleón y la caída de la restaurada monarquía borbónica hasta completar un resumen de su pensamiento y un análisis de la nueva Europa que se estaba diseñando vista desde la perspectiva de quien se sentía fuera de lugar en el nuevo tiempo histórico.
Por encima de la diversidad de tiempos, espacios y temas, las Memorias de ultratumba reflejan una intensa unidad narrativa y se someten a un diseño general revisado y reelaborado en varias ocasiones como una febril obra en marcha, con una tensión entre historia e individuo, entre presente y pasado semejante a la que se produce en ellas de cruce de novela y ensayo.
Con la actitud victimista y desorientada que caracteriza a la melancolía romántica, fiel al modelo del héroe maltratado por el destino adverso, Chateaubriand hace desfilar por el mundo y por su mundo las jornadas revolucionarias y la figura de Dante, Dios y la muerte, el exilio y las traiciones, la imaginación y las conspiraciones, las cataratas del Niágara y Napoleón, los Borbones y los canónigos de Würzburg, Praga y Cádiz, el cólera y la vida en París.
El Louvre de la literatura llamó Francis Ponge a estas Memorias que sirvieron de ejemplo a Proust en su recuperación del tiempo perdido y que llevaba inverosímilmente Maqroll el Gaviero en sus viajes, más por la simpatía de Mutis que por el escaso gusto lector del personaje.
25 de junio de 2010
El siglo del arte nuevo
Volumen 3.
El siglo del arte nuevo (1598-1691).
Pedro Ruiz Pérez.
Editorial Crítica. Madrid, 2010.
Como el resto de los volúmenes que forman parte del proyecto, El siglo del arte nuevo no se limita a escribir una historia literaria actualizada que habla de períodos, corrientes y obras, sino que se fija también en cuestiones fundamentales como el papel del escritor, las formas de transmisión de la obra literaria o las siempre problemáticas relaciones entre la literatura y el poder.
En un bloque inicial (Teatro de novedades) se aborda el contexto histórico en el que surge el Barroco, una edad conflictiva en un mundo de apariencias y desengaños, los escenarios ideológicos o el carácter urbano de la cultura contrarreformista, el papel de la imprenta, la novedad del arte como recreación ingeniosa o el papel del público lector, oyente o espectador.
Un segundo apartado se acerca a la república literaria, al mundo del creador, analiza el papel de la censura, el control de la autoridad y la autoría, las competencias y las rivalidades entre los escritores.
Los viajes del Parnaso, la tercera sección del libro, es la más parecida a una historia literaria. A través de los autores, las obras y los géneros se describe en ella la evolución de la literatura barroca, desde la innovación inicial a la deriva final pasando por el esplendor que vivieron sus diversas manifestaciones genéricas.
Finalmente, una amplia selección de textos de apoyo recoge, además de significativos fragmentos literarios, documentos de carácter historiográfico, sociológico, ideológico o estético que iluminan el contexto del que surge la literatura del XVII y manifiestan la importancia de la religión, las ideas literarias y las claves temáticas de la época, las diversiones, fiestas y espectáculos, la poética y la metapoética, los intereses ideológicos y las preocupaciones morales de los intelectuales, los juicios críticos o las polémicas entre escritores.
En conjunto, El siglo del arte nuevo propone un análisis más propio de la monografía que del manual a través de una mirada renovadora y actualizada sobre aquella época de retraimiento y desintegración del imperio español, sobre una cultura que pierde en el aislamiento tridentino su dimensión europea y se somete a un poder religioso que acabó contaminando de doctrina y envenenando de moral católica todas las manifestaciones culturales y enlutando la vida social con los negros ropones clericales.
La manipulación ideológica que destilan las obras teatrales de Lope y de Calderón, el concepto de la honra como cimiento de la estructura social, el engaño a los ojos y la vida como espectáculo y como apariencia, como teatro de comportamientos, el desengaño del discreto, la máquina teatral y la pirotecnica verbal, los juegos caligramáticos y los jeroglíficos son algunas de las claves que se dilucidan en las abundantes páginas de este volumen, que incorpora, como todos los de la serie, un cuadernillo central con esclarecedoras ilustraciones.
23 de junio de 2010
Harold Bloom. El canon del ensayo
Harold Bloom.Ensayistas y profetas.
El canon del ensayo.
Traducción de Amelia Pérez de Villar.
Páginas de Espuma. Madrid, 2010.
Veinte retratos que son a la vez veinte análisis de un pensamiento múltiple que construye la modernidad: un Montaigne precursor de Hamlet, porque como él, cambia porque lee lo que escribe; un Pascal que simultaneaba su doble capacidad de ofender y edificar; Samuel Johnson, el mayor crítico de la historia cultural de Occidente, el prototipo del sabio; Rousseau y su sensibilidad atormentada en las Confesiones, eslabón entre Montaigne y Freud; Boswell, creador del modelo de biografía total con su Vida de Samuel Johnson; Hazlitt y su poética del poder a través del análisis de Shakespeare; Carlyle, que con sombrío optimismo dejó escrito que la historia es un texto ilegible; Emerson, un profeta literario que hizo de sí mismo el tema esencial de su obra; Kierkegaard, padre legítimo de Kafka; Thoreau, un Montaigne de todo lo que está fuera, un profeta del ecologismo; Ruskin, un crítico trágico e innovador a partes iguales; Walter Pater, solipsista y cándido defensor de la dignidad del arte; Nietzsche, que se dio cuenta de las implicaciones de la poesía en el conocimiento; Freud y su simplificación reduccionista en la interpretación de los sueños; un Huxley visionario, mejor ensayista que narrador; Sartre y su obsesión con la conciencia o el admirable moralista que fue Camus, heredero de una larga tradición racionalista.
Con esos nombres y su polémica lucidez crítica, Bloom compone un panorama significativo de la evolución del ensayo, de la variedad de enfoques que admite el género y de su determinante aportación para construir la mentalidad moderna y el análisis contemporáneo de la realidad.
21 de junio de 2010
Josep Pla. Notas y dietarios
Notas y dietarios.
Prólogo de Carles Casajuana.
Traducción de Dionisio Ridruejo,
Gloria de Ros y Xavier Pericay.
BackList Selectos. Barcelona, 2008.
El cuaderno gris es un diario inusual, porque no nace del día a día, del presente momentáneo, sino de la evocación posterior, de la memoria que reconstruye y de la invención que reescribe el diario de aprendizaje del escritor en ciernes (1918-1919) casi cincuenta años después, porque la versión original en catalán es de 1966.
Las Notas dispersas, escritas al paso de los días y los años, sin referencias cronológicas, lo que aporta una mayor libertad a la divagación, recogen sus recuerdos y lecturas y constituyen un complemento de El cuaderno gris, que Pla reelaboraba a la vez que escribía estas notas.
Las Notas para Silvia son su continuación natural. Las redactó entre los años cincuenta y los setenta, antes de las Notas del crepúsculo, en las que se proyecta el último Pla, el más radicalmente desengañado.
Cualquiera de los libros incluidos en el volumen, escritos sin un plan premeditado, permite -casi exige- una lectura similar. Son obras para abrir al azar por cualquier página con la seguridad de encontrar en ellas la prosa excelente de Pla y con la agudeza de su mirada analítica.
Contradictorio y antidogmático, imprevisible y subjetivo, irónico y socarrón, reflejó en estos libros que abarcan toda su vida y casi mil quinientas páginas sus deambulaciones por ciudades y campos, sus divagaciones literarias, sus notas de lectura.
Y lo hizo con lo que podríamos llamar en términos cortazarianos una prosa del observatorio, inteligible y antirretórica. Educó su pluma y su mirada en el periodismo, practicó la lentitud contemplativa y como Stendhal fijó su interés en los detalles y reflexionó constantemente sobre el estilo y el oficio de escribir.
Viajero por Europa y América, sedentario en el Mas Pla de Llofriu, Pla es localista y cosmopolita a un tiempo. Y así son también estas páginas en las que se pasa con naturalidad de la pequeñez de la anécdota o la maledicencia de la tertulia a la hondura reflexiva del pesimista y al análisis político y cultural.
Lector y heredero de Montaigne y de los moralistas franceses, Pla fue un paseante solitario como Rousseau, escribió desde París y Berlín o desde una sombría pensión de la calle Aribau de Barcelona, deambuló por Moscú y por Buenos Aires y acabó retirado -como Montaigne en su castillo- en el Mas Pla de Llofriu.
Desde Roma o desde Cadaqués, desde Playa Fornells o desde Nueva York, Pla deja anotados recuerdos y lecturas, aforismos y retratos, descripciones de paisajes y calles o reflexiones morales que se suceden sin transición en este volumen que Carles Casajuana define en su prólogo como un “singular mosaico autobiográfico.”
Pero hay algunas líneas maestras que recorren los cuatro títulos: el paso del tiempo como tema esencial, el desengaño y la memoria como actitud, la invención autobiográfica y la lenta contemplación como estrategia, la libertad de escritura y el cuidado de la prosa como método.
Todo eso se resume en este párrafo ejemplar, una de las últimas de sus Notas del crepúsculo, en donde Pla deja con su mejor prosa su testamento literario y su visión de la vida:
En estos momentos, en esta casa, hay un gato muy pequeño, un gatito que sigue sistemáticamente a su madre y que, sin embargo, es tan esmirriado, tan fosforescente, tan esquivo, que es una auténtica maravilla. Como a todos los gatos de su edad, lo que más le gusta es jugar. Si estuviera alimentado, sería de un negro absoluto; ahora es de un negro tirando a dorado, con manchas de gris, de una delgadez total. Tiene unos ojos cambiantes y prodigiosos: a veces de un color oro intensivo; a veces de un color blanquecino embobado; a veces absolutamente indiferentes. Ahora este gato quiere jugar. Y, habiéndose entablado la tramontana, este viento mueve las hojas caídas, con el otoño, de los castaños de Indias de la era. A veces las hace rodar vertiginosamente sobre un punto determinado; a veces se las lleva por el aire como si fueran pájaros sin peso. El gato se encuentra en medio de todo este pequeño mundo de hojas que el viento mueve o se lleva como si nada. Lo miro desde una ventana de la casa. El gato está como loco. Mira el movimiento de las hojas, obsesionado. A veces quiere atrapar alguna hoja con la boca o con las patas, que se mueven, frenéticas, a su alrededor. Otras veces mira, como asustado, las hojas que el viento se lleva por el espacio. No puede atrapar ni una. Se abalanza sobre ellas, salta, da todo tipo de vueltas, entra en una especie de demencia. A veces se detiene y mira qué tiene que hacer. Retoma el movimiento frené-tico. Las hojas, secas, hacen un ruido como de cristal. El viento se lo lleva todo: el gato no tiene fuerza para morder una hoja ni para atrapar una con las uñas. El gato ha perdido. Su enorme vivacidad de juego no le ha servido de nada. El viento ha ganado. Al cabo de poco, veo que el animalito se echa en la tierra de la era, más muerto que vivo, esmirriado, famélico, acabado... A veces me pregunto si la vida humana no es algo semejante.
18 de junio de 2010
París y otras ciudades encontradas
Antonio Ferres.
París y otras ciudades encontradas.
Gadir. Madrid, 2010.
En su colección La voz de las cosas, donde ya publicó La desolada llanura, Gadir edita el último libro de poesía de Antonio Ferres (Madrid, 1924).
París y otras ciudades encontradas es un libro que celebra la vida y lamenta el paso del tiempo, suma lo personal y lo colectivo, lo existencial y la conciencia crítica y compagina el dolor de las derrotas y la esperanza en que la Historia supere sus errores.
En sus versos cortos y sus poemas directos conviven la mirada y el recuerdo, el sueño y la contemplación de un París de tormentas y bulevares hacia el Sena o de una ciudad oceánica en la que emerge nocturna la Atlántida.
Evocados, soñados o contemplados, en la contención verbal y emocional de estos poemas viven el amor y los bosques, la ciudad como metáfora del pequeño mundo del hombre, las muchachas y los pájaros, las islas y las montañas, el recuerdo y la esperanza de una ciudad invisible hecha de signos y de rostros, el sueño de una nueva realidad desde la noche oscura, en un incendio de palabras en el que se consume el mundo y se consuma el tiempo, porque
Morir es como estar
es como vivir siempre
Es tan fácil volver
desde la muerte
desde las tumbas enrojecidas
tan fija la luz
bajo el disco glorioso del sol
desde las tierras altas
volver de la mano del Nilo
volver otra vez
como dioses de carne
-Nefertiti-.
Santos Domínguez
16 de junio de 2010
La orilla de las mujeres fértiles
La orilla de las mujeres fértiles.
Calambur. Madrid, 2010.
Organizado en dos partes, los catorce poemas de la primera sección y el cruce de ensayo y poesía de los diez textos que forman la Coda tienden una mano solidaria y femenina a las niñas/mujeres de África, proyectan una mirada de rabia compasiva hacia las niñas del Níger sobre las que atardece el mundo, dan voz y palabras a las novias de ocho años ofrecidas en los mercados.
En la línea de Jabès y de Valente, para Marifé Santiago el desierto es el lugar natural del poeta. Esa formulación metafórica se convierte en una realidad literal en este libro en el que conviven la emoción y la denuncia, la ética y la poesía, la memoria y el testimonio.
La experiencia literaria es un encuentro con el otro, una mirada que provoca el diálogo y el conocimiento de una realidad centrada en estas mujeres resistentes, supervivientes del dolor y de la dignidad desde su múltiple condición de víctimas, por niñas, por pobres, por africanas a las que nadie va a dedicar el Cantar de los Cantares:
la pobreza pesa tan poco como la sombra de una araña, y la memoria de la pobreza pesa tan poco como el sueño de aquella viuda que habría cumplido nueve años en diciembre.
Pero La orilla de las mujeres fértiles es también una exploración en la memoria personal y universal, en lo cósmico y en la mitología a través de lo cotidiano y, sobre todo, una puerta abierta a la esperanza:
A veces, la escritura es el manto que regresa a la vida a quien estaba muriéndose de frío...
A veces, las mujeres que tienen miedo o están tristes cantan; el canto otorga el don de la esperanza, de la voz, del agua del alba sobre las rosas...
14 de junio de 2010
La palabra del mudo
La palabra del mudo.
Seix Barral. Barcelona, 2010.
Casi un centenar de cuentos integran esta edición definitiva en Seix Barral, que incorpora un relato inédito (Surf) que Ribeyro terminó el 26 de julio de 1994, poco antes de morir. De ese mismo año funesto son las reflexiones sobre el género del cuento que sirven como prólogo de un volumen en el que el peruano da voz al mudo, al marginado, al olvidado.
Y es que a través de la mayoría de sus cuentos se expresan los que en sus vidas están privados de la palabra: Yo les he restituido este hálito negado y les he permitido modular sus anhelos, sus arrebatos y sus angustias.
Heredero de Kafka y discípulo de Borges, Ribeyro creó uno de los mundos literarios más personales e interesantes de la narrativa hispanoamericana contemporánea. Sus relatos urbanos proyectan un inesperado destello de fantasía y de irrealidad sobre lo cotidiano y configuran un universo narrativo poblado por personajes que se mueven por los barrios populares de Lima entre el desconcierto y el asombro. Como sus personajes, Ribeyro se siente parte de ese mundo acallado y por eso sus relatos combinan lo autobiográfico y la mirada crítica o escéptica, el recuerdo de la infancia con la denuncia de la miseria.
Son relatos apoyados en una sólida técnica y en una reflexión constante que se plantea los límites y las características técnicas de un género más mostrativo que didáctico. De esa reflexión surgió el decálogo que abre el volumen con una reivindicación del interés por la historia y del papel del lector en afirmaciones como estas:
El cuento se ha hecho para que el lector pueda a su vez contarlo.
La historia del cuento puede ser real o inventada. Si es real debe parecer inventada y si es inventada, real.
Entretener, conmover, intrigar o sorprender son algunos de los objetivos que Ribeyro propuso en el decálogo. Y estos cuentos, a menudo abiertos y siempre brillantes, son su demostración eficiente. Desde Los gallinazos sin plumas, que escribió en 1954, hasta el inédito Surf, pasando por el maduro Sólo para fumadores, La palabra del mudo refleja más de cuarenta años de dedicación insistente y brillante a la narrativa breve.
Y de una creciente pericia marcada por una evolución que pasa por dos momentos, por dos modalidades sucesivas: la modalidad inventiva que domina en sus primeros libros y la modalidad evocativa que se va imponiendo a partir de los años ochenta en sus relatos.
No leer a Ribeyro, y especialmente su narrativa breve, es desconocer gran parte de la riqueza de la literatura hispanoamericana, que sin él sería mucho más plana, mucho más pobre, mucho más muda.






























